El Jesús de la Liberación

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El Jesús de la Liberación

Carla Sofía Vargas

Día 1

Yo creo en vos compañero,
Cristo humano, Cristo obrero
de la muerte vencedor con el sacrificio inmenso
engendraste al hombre nuevo para la liberación.

Credo - Misa Campesina Nicaragüense - Carlos Mejía Godoy

En la iglesia donde crecí — irónicamente —, casi nunca se mencionaba la vida de Jesús en los sermones. Por alguna razón el pastor generalmente elegía algún capítulo del Antiguo Testamento o alguna carta Paulina para después terminar hablando del amor de Dios a pesar de nuestros errores e infidelidades y cómo envió a su hijo unigénito a morir por nosotros; en la Asamblea General la muerte de Jesús en la cruz era la única referencia que se hacía sobre el hijo de María y José. Esto lo notaba muy distinto a mi experiencia en la escuela dominical donde a los niños y niñas se nos hablaba siempre de Jesús, el amigo del rechazado, el hacedor de milagros; ese hombre que amaba a sus discípulos y sanaba a los enfermos. Obviamente, estas historias siempre iban acompañadas de algún dibujo para colorear y está de más especificar, que nunca coloreamos a Jesús en la cruz.

¿Entonces qué sucede que nuestra perspectiva de Jesús cambia a medida que crecemos y dejemos de verlo más allá de el Salvador que vino a morir por nosotros y nosotras? Porque seamos honestas y honestos, muchas veces la faceta redentora y sacrificial de Jesús, es la única que predomina en el imaginario colectivo de muchos cristianos y cristianas. El Jesús hombre, amigo y sí, revolucionario, casi nunca es el protagonista en los púlpitos o círculos de estudios de iglesias en Latinoamérica… Y nos estamos perdiendo de mucho.

Cuando unx lee la historia de Jesús en los evangelios, es fácil enamorarse de la vida y lucha de ese hombre que pasó cada segundo de su ministerio amando a los más desprotegidos, luchando contra la injusticia y yendo contra todo sistema de opresión — moral, religioso, social y político — en sus discursos, enseñanzas y sobre todo, en su actuar. Si toda persona es un hermoso lienzo de diferentes identidades (por ejemplo yo celebro que soy mujer, indo-latina, nicaragüense, lesbiana y cristiana), ¿por qué no pensamos lo mismo de Jesús? ¿Por qué sólo nos quedamos con un aspecto de su ministerio y de su vida? Yo me sentiría muy indignada si la gente que me conoce acepta una de mis identidades y niega el resto. En mi caso literalmente mis identidades son todo o nada; porque soy yo, cien por ciento, en cada una de ellas. Conocer a Jesús y conocernos en totalidad, es de las experiencias más poderosas y sobre todo liberadoras que podríamos experimentar.

Si te llegasen a preguntar quién sos, ¿cómo responderías?
¿Celebrás todas tus identidades o hay partes de tu vida o historia que no has reconocido aún?
¿Cómo podrías empezar a explorar o comunicar esos aspectos que te hacen ser la persona que sos pero no todo el mundo conoce?

Hoy quiero celebrar cada parte de mi historia. Jesús, ayudame a conocerte y conocerme de una forma más íntima y completa. Amén.

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